Relato: Malvinas la posguerra- El fin

EL FIN

-Si te permito contemplar los ojos empedrados de esta muchacha inglesa es porque sé que te satisface este botín de guerra.

El borracho asombrado abrió sus ojos y con un ademán de su mano se limpió la baba que le colgaba hasta la pera. Entendía que en su estado cualquier interpretación era dudosa, casi imposible, con lo cual se ahorró el esfuerzo y directamente tomó lo dicho como una ironía, como una desfachatez de ese milico desconocido que por casualidad se había encontrado en las afueras del bar.

-Hacele lo que quieras, es tu cautiva de ahora en más. Cuando traspase esta puerta ya no me volverás a ver.

La rubia atada en el poste observaba con ojos horrorizados. Poco entendía de lo que hablaban, pero intuía que nada bueno le esperaba.

El borracho miró a la muchacha, se quedó inmutable unos segundos; sonrío entre dientes. Luego su mueca desencajada se transformó en una temible risa sarcástica que hizo eco en todo el galpón de chapas. No se detenía, se zarandeaba en el mismo lugar agarrándose el estomago con las manos, y reía. Reía violentamente.

El viejo soldado de bigotes anchos y oscuro semblante contempló la escena que parecía no tener fin. Hasta que en un abrir y cerrar de ojos el borracho cayó al suelo con todo el peso de su cuerpo. Este atinó a sostenerlo pero no lo logró. Ya en el suelo y con el labio partido, dejó de reírse. Puteó a todos los santos y a la madre que lo parió. Se levantó ente quejidos, agarrándose la rodilla, murmurando cosas incomprensibles.

-¡Torres! ¡Firme!…Escúcheme. Esta es su oportunidad. La aquí presente es la hermana del soldado ingles que mató a Juárez la noche de rendición. ¿Entiende?… ¡Es el momento para cobrar venganza por su amigo caído en las islas!…usted sabe que fue injusta esa muerte, ya habíamos entregado las armas y ese perro pirata disparó por la espalda… Solo usted puede hacerlo…Es su deber, por la memoria, y para recobrar el valor…

El silencio solo era quebrado por el llanto quejoso de la joven, aunque el trapo en la boca asfixiaba los gritos. Torres permanecía apoyado contra un tablón, cabizbajo y en silencio. Impensado era para el general querer descifrar que pasaba por la mente alcoholizada de su antiguo recluta.

De repente Torres agarró una horquilla que estaba contra la pared y la hundió con todas sus fuerzas en el cuerpo que tenía en frente. La sangre broto al instante desparramándose por el piso. Los ojos en su última expresión se abrieron contundentes. La sorpresa y el dolor profundo callaron el gemido agónico antes del fin.

El general cayó de rodillas con sus entrañas entre las manos ensangrentadas. A fuera el día era soleado. Torres desató a la joven y cerró la puerta para NUNCA MÁS volver.

©Romina R Silva

 

La posguerra también fue una dura batalla, esta ficción es un humilde homenaje a los ex Combatientes, Veteranos, Héroes Argentinos, y en Memoria a los Caídos en las Islas.

Taller de Escritura Creativa 2018

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